Tony Palmer: “me interesan las personas con coraje, esas que van donde nosotros quisiéramos ir”

Eran los 60’s y en un encuentro casual en la Universidad de Cambridge, Tony Palmer –invitado especial del festival IN-EDIT 2015 en Santiago- conoció a John Lennon. Fue su primer acercamiento hacia el mundo del espectáculo. Desde entonces, se ha codeado con grandes del rock, pop y música clásica, pero jamás los ha considerado estrellas. Por el contrario, Palmer se interesa en documentar a las personas que hay detrás de los personajes y aquellas que demuestran coraje. Aquí una entrevista exclusiva de About Santiago con el destacado documentalista.

Tony Palmer (74) -documentalista británico, productor, editor, guionista y crítico- nunca imaginó que dedicaría su vida al cine y la música. Quería ser académico, sin embargo una serie de circunstancias imprevistas cambiaron su rumbo. Por ejemplo, su encuentro con John Lennon, mientras estudiaba Ciencias Morales en Cambridge, o el festival de Salzburgo en 1964, en donde descubrió una verdadera revelación, la cual lo llevó a considerar el rodaje de películas de bandas y músicos, una profesión.

Hoy, a Palmer se le distingue por ser un prolífero realizador audiovisual, pues cuenta con más de cincuenta títulos, considerando especiales para televisión –para el programa The look of the week, de la BBC-, y documentales. También es cotizado en Hollywood y reconocido en el mundo entero. No lo planeó así, pero el género musical ha sido su principal cause de trabajo, y más que eso, una verdadera pasión. Por ello, este año el IN-EDIT Barcelona lo homenajeó por su fecunda carrera y, en vísperas de la realización del festival en Santiago, Tony Palmer ha sido invitado a venir a Chile, país que visita por primera vez.

Uno de los principales objetivos de su visita es otorgar su tiempo al Festival, sobre todo a periodistas y actividades relacionadas. De esta manera, se instala animoso a recibirnos en el lobby de negocios del Hotel Cumbres, ubicado en el Barrio Lastarria, en donde se hospeda. Tiene el pelo blanco y viste de manera sencilla, pero el que podría ser un tierno y casero abuelo, en vez es un ícono de la historia de la música, quien ha llegado a cubrir a representantes de un amplio abanico. Aquí, About Santiago te cuenta.

[Por: Ángela Basch]


AS: Tu primer encuentro con una estrella de la industria musical fue durante la década de los 60, cuando ibas a presentar un artículo para el periódico universitario de Cambridge, respecto a The Beatles. En ese contexto, John Lennon se acercó a pedirte un recorrido por el lugar. Hablemos de eso. ¿Cómo te sientes respecto a que John Lennon haya sido la primera estrella en tu carrera? 

TP: En ese entonces, The Beatles era bastante famoso; tenían dos number one hits si no me equivoco, pero yo jamás los consideré estrellas. Lennon simplemente fue alguien a quien yo conocí y a quien consideré muy interesante e inteligente. Creo que a excepción de una o dos personas, jamás he considerado a alguien una estrella. El hecho de que sean cantantes increíbles o importantes figuras del rock and roll, me es –y me era- totalmente irrelevante. Lo que sí me interesa mucho son las personas. Por eso, esa tarde con Lennon en Cambridge, me interesé mucho en él; Lennon sentía que gran parte de su educación estaba perdida, y es lo que hemos continuado oyendo con el tiempo. Siempre decía “es terrible que yo nunca haya tenido una educación digna”.

Lo llevé a la capilla del King’s College en Cambridge y a la biblioteca de Trinity College. Lennon quedó asombrado, yo no tenía cómo sacarlo del lugar. Entonces, pensé que había algo realmente interesante en él. Jamás me importó que fuera un beatle, sino que estaba lleno de ideas. Por eso quise conocerlo más y por suerte él pensó lo mismo de mí. De hecho, fue quien para la realización de la película All me loving (1968,  documental que narra sobre grandes artistas y grupos como Jimi Hendrix, Pink Floyd, Cream, o The Who) me dio los contactos y me introdujo al círculo, porque según él era mi deber meterlos en televisión y otorgarles una cobertura merecida. Así comenzó todo. Esa fue la conexión.

AS: ¿En dónde, en qué o en quién encontraste la inspiración para ingresar a este mundo creativo y cinematográfico? ¿Fue John Lennon quien te inspiró?

TP: Te voy a contar la verdadera historia (ríe). Yo estaba en Cambridge y un amigo mío, Patrick, quien estudiaba en Oxford en ese momento, me contactó para preguntarme qué haría en mis vacaciones, pues tenía un empleo de verano que ofrecerme. Era el verano de 1964. Yo el año anterior había trabajado en una tienda de dulces, no era precisamente una labor inspiradora- dice irónico. Entonces mi amigo me ofreció un empleo acarreando equipos cinematográficos pues iba a grabar una película en el Festival de Salzburgo, en Austria. Yo accedí y a los tres días, tras haber acarreado un montón de aparatos técnicos, de pronto me senté a observar en el rincón de una sala en donde se encontraba Patrick. En eso, entra a la habitación el reconocido pintor, Oscar Kokoschka, seguido por un grupo de estudiantes que participarían en una masterclass que iba a dictar. Y por último, a sólo un metro de distancia mío, sin duda la más hermosa e increíble mujer desnuda que haya visto, quien posaba para los dibujantes. En ese momento pensé: “Oscar Kokoschka, mujer desnuda -increíblemente hermosa- y además me están pagando por esto. ¡Es el futuro! Así es como tengo que vivir mi vida”, me dije a mí mismo-dice mientras lanza una carcajada.

Dos años después cuando finalicé mis estudios en Ciencias Morales en Cambridge, pensé que podría probar si es que conseguía más de esos empleos con Kokoscha y chicas lindas. Es la historia real, porque me temo que no tengo teoría alguna sobre cine, ni tampoco respecto a cómo hacer películas.

AS: Igualmente te has consolidado como uno de los documentalistas con mayor espectro de títulos relacionados a la música. Considerando tu experiencia ligada a la investigación de músicos y sus obras, ¿qué consideras que debe tener un artista para forjar creaciones significativas?

TP: Buena pregunta. Si tomamos como ejemplo la película Maria Callas. La Divina. A portrait (1987, acucioso retrato de la soprano y una de las figuras más atractivas del siglo XX), para mí lo más interesante es que es un film que trata sobre una mujer que está hecha un desastre. Yo estoy fascinado por los rostros; creo que dicen todo lo que uno necesita saber, y en el caso de Maria Callas, se ve claramente su dolor. No se necesita un narrador que te diga “ella está sufriendo y ese es el punto”.

En este sentido, hay un elemento que es crucial según mí consideración, y es el coraje. Puede ser coraje intelectual, moral, físico, psicológico o artístico, pero el hecho de que las estrellas, los artistas o lo que sea, logren ir donde otros no se atreven, eso es coraje. Por eso me interesan esas personas que van donde nosotros quisiéramos ir, pero no nos atrevemos. Eso es lo que me atrae y por eso los observamos y los seguimos. Ella, por ejemplo, cada día en el escenario demuestra coraje. Debe confiar ciegamente en los estándares de los escenarios y los equipos.

También lo hace, por ejemplo, el jugador británico de fútbol, Boby Moore, quien inspiró mi película Hero (2002). No me interesan sus habilidades deportivas, ni que haya jugado el torneo de la Copa Mundial, sino de que lo haya hecho con cáncer, y muriéndose al hacerlo. En este contexto, entrevisté a otro de los jugadores del equipo, quien me decía que Moore sin duda era uno de ellos, parte del equipo. Pero que no era como ellos. Había algo diferente en él. Y eso sucede con los creativos, los artistas: son uno más de nosotros, pero no son como nosotros. Esa diferencia los hace especiales.

Lo mismo con Benjamin Britten (1967, Benjamin Britten & his festival, primera realización de Tony Palmer, que cuenta sobre el compositor, director de orquesta y pianista británico). Si lo conocieras pensarías que es un director de colegio o algo por el estilo; siempre está bien vestido, siempre de traje, pero jamás imaginarías que es uno de los mejores compositores del siglo XX. Pasa lo mismo; es uno de nosotros, pero no es como nosotros. Se nota con solo mirarlo a los ojos, ya sientes que algo está pasando. Es ese el elemento que me fascina. Qué es lo que hay de ellos que no podemos entender del todo.

AS: Entonces es el corage, pero ¿cómo logras otorgarle una narrativa a piezas que no necesariamente la tienen? Porque lo que haces es que logras explicar el valor de ciertas creaciones o personajes. ¿Cómo lo haces?

TP: Yo no traduzco nada, dejo que ellos lo hagan. Esa es mi formula. De hecho, ninguna de mis películas tiene narradores, sólo la primera, de Benjamin Britten. Ciertamente hay de mi mano, ya que yo mismo edito mis películas -así logro moldear el material para que otros entiendan el punto- y selecciono el material a punta de instinto. Pero jamás voy a decirte cuál es el punto.

Por ejemplo, con la película All My Loving, se publicaron millones de artículos –incluso hasta la actualidad se sigue haciendo- respecto a cuál era el punto de la cinta y qué era lo que de verdad significaba. Yo les dije “respóndame de qué se tratan los últimos cinco minutos, estaré acá después del estreno, vengan y cuéntenme ustedes”. Me contestaron un par de personas diciéndome que la verdad no tenían idea. Les contesté que yo tampoco (ríe). Es parte de mi misión: presento el material, pero tú ideas el sentido. No guiaré a nadie hacia dónde, o qué es lo que deba pensar.

AS: Bueno otro aspecto que llama la atención en tu caso, es el amplio abanico de realizaciones. Pareciera como si no dejaras de estrenar películas nunca. ¿Existe alguna intención de tu parte, al dejar este enorme archivo de películas entre nosotros? 

TP: La verdad es que no tengo una intención, ni tampoco una razón de haber hecho tantas películas, más que mi larga vida y mi vejez- dice cómicamente. Y además, está el hecho de que cada película la hago muy rápido. No quiero perder cinco años haciendo una película. De hecho, hace tiempo me ofrecieron un contrato en Hollywood, pero un gran amigo me advirtió que si lo aceptaba iba a desaparecer. “Vas a hacer una película cada tres o cuatro años”, me dijo. Además, toma una eternidad conseguir el dinero, los guiones, convencer a los distribuidores, en fin. Así hubiera muerto. Entonces, hablo en serio: no es que tenga una larga y amplia carrera, sino que ya estoy muy viejo y me manejo para seguir adelante simplemente.

AS: Siempre he tenido curiosidad respecto a un tema en particular en relación al éxito y a las personas que lo logran. ¿Cree usted que en general a las personas exitosas le van sucediendo las cosas, o más bien las planean de un modo más calculador? A lo que voy con esto, usted cuando dirigió todos esos documentales sobre música -algunos de ellos exhibidos en el IN-EDIT 2015-, ¿sabía durante el proceso de rodaje que serían un éxito de taquilla? ¿Las pensó para que así lo fueran?

TP: Eso es muy interesante y te lo puedo decir yo inmediatamente: el éxito pasa. En mí caso, yo jamás pensé que una de mis películas sería reconocida hasta hoy. Algunas personas me deben haber dicho que ciertas películas serían exitosas a futuro, yo les decía que estaban locos, porque simplemente las hago por y para el presente.

Lo mismo con ciertos artistas y músicos que he documentado. Por ejemplo una vez compare el álbum White de The Beatles con Franz Schubert, en 1968. Generó toda una polémica. La gente se puso furiosa. Pero la verdad es que esa comparación es válida porque yo quería decir lo siguiente: son iguales porque ambos -en el caso de Schubert en un café en Viena y The Beatles en un estudio de grabación- no tenían ningún pensamiento de prosperidad, ninguna proyección a futuro. Producían por y para el presente. Eso era lo que quería expresar, la felicidad que ambos vivían en ese momento. A Schubert el éxito más inmediato le significaría una comida gratis más tarde ese mismo día, y a The Beatles, bueno, algo más de dinero, pero eso era a lo que iba la comparación. Obviamente los demás pensaron que estaba comparando al genio del romanticismo musical con los otros ridículos del rock and roll- dice irónico y con carcajadas.

Además, es importante notar que hay toneladas de malas canciones en el caso de cada artista. Por ejemplo de Mozart; él se moriría si supiera que ya muerto la gente alaba sus malas canciones, solo por ser de Mozart. Por ejemplo Tea Time, ¡es un Mozart horrible! También hay malas producciones de The Beatles. Nadie puede decir que todas sus canciones son buenas o que todo lo de Schubert es bueno tampoco, porque no es así.

AS: De acuerdo a la fama que se vive en el cine y la música, ¿cómo se enfrentan éstas dos? Por ejemplo, cuando documentas una banda de rock o estrellas del pop, ¿quién cede qué? ¿Tú, queriendo hacer un documental, o ellos, queriendo controlar el contenido y su propia imagen? ¿Qué pesa más? 

TP: La respuesta es muy simple: si ellos quieren tener el control entonces no lo hago. Siempre trabajo con un acuerdo abierto. Respecto a esto tengo un ejemplo perfecto. Hace ya varios años que no hago una película de rock and roll, más o menos desde que hice All you need is love (1977, narra el proceso de The Beatles y luego sucesos que fueron agriando el sueño de los años sesenta, partiendo por el Altamont Free Concert y las muertes de Hendrix, Morrison, Joplin y Jones) y la hice porque quería trazar la historia de ese momento. Bueno, hace tres o cuatro años, mi señora me llamó y me dijo que prendiera la radio pues había una voz totalmente increíble sonando. Era Adele. Inmediatamente comencé a llamar a contactos que me dieran con ella, porque en ese entonces era más o menos desconocida aún. El cuento es que la conocí, tenía un manager -el cual a la vez era un seudo novio, creo-, me encantó y le dije que quería hacerle un retrato como el que le hice a Leonard Cohen (1974, Leonard Cohen: Bird on a Wire, narra la inminente gira europea del cantautor canadiense). Le mostré la película, la vio, y cerramos. El tema era que yo no podía comenzar a rodar enseguida pues estaba en medio de otro proyecto. Por eso, quedamos en iniciar la película seis meses más tarde.

Desafortunadamente, durante esos seis meses, Adele lanzó su álbum musical 21, el cual fue todo un éxito. Pasado el tiempo acordado la contacté de nuevo, pero ya era todo diferente; tenía cinco managers, diez ejecutivos del disco, y más o menos 16 personas encargadas de las relaciones públicas y de su imagen. Le dije que ya no podía realizar la película. “Cualquier cosa que haga, incluso si me otorgas los permisos y me das todo lo que yo necesito, tu equipo se va a asegurar de que tu imagen esté perfecta y tu compañía de disco cerciorará que la imagen no se vea dañada”, le dije. Seguimos siendo amigos, pero ya me era imposible hacerlo.

En el caso de Leonard Cohen, por ejemplo, fue distinto. Cuando realicé su documental su compañía de disco no le renovó el contrato. Eso me permitió tener mayor libertad. Con esto me refiero a que no se puede tener el control de un manager o de un productor, porque eso quiebra el lazo y puede ser fatal.

AS: Teniendo en cuenta tu prolífera carrera, cuéntanos sobre tus proyectos a futuro. ¿Tienes algo planeado?

TP: ¡Muchos! Después de Navidad, de hecho, voy a ir a grabar una película a Armenia. De la cultura armenia, de la música armenia, etc. Es una historia extraordinaria, sobre todo porque este año se cumple el aniversario del terrible genocidio de 1915. Murieron muchas personas, y con Armenia sucede algo interesante: hoy el país cuenta con el 10% del territorio que alguna vez tuvo. Hay muchos conflictos con Turquia, Siria, y otros países.

AS: Por último, cuéntanos qué fue lo que pensaste cuando te contactaron del IN-EDIT Barcelona para decirte que serías el invitado especial del festival y que te iban a homenajear también en Chile.

TP: Estaba realmente sorprendido. Les escribí y les dije que creía que se habían equivocado de persona- ríe humildemente. Pero la verdad es que es genial estar acá, sobre todo en Chile en mi primera visita.


 

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www.inedit-nescafe.cl

 

 

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