Santiago en Imágenes #5: Vicente Cociña

Próximo a lanzar el libro “Alameda de ida y vuelta” -un recorrido ilustrado de las veredas norte y sur por la avenida más importante de la capital-, el artista Vicente Cociña -autor de los libros de cómics autobigráficos “Año Sabático” 1 y 2- contesta este nuevo cuestionario de Santiago en Imágenes. Sobre la imagen realizada en exclusiva para esta sección comenta: “Este dibujo lo hice pensando en la dualidad que existe en el Estadio Nacional como lugar emblemático de Santiago. Por un lado, se puede vincular a logros deportivos como lo fue la última Copa América, asociado a momentos de felicidad, y por otro, a momentos tremendamente dolorosos y oscuros de la historia de este país, como es la tortura y el encierro en tiempos de dictadura. En el dibujo traté de mostrar una atmósfera, un tanto incierta y ambigua, que de alguna manera pudiera estar representando a cualquiera de esos dos elementos a los que se asocia este lugar o, incluso, a ambos a la vez. Esta dualidad es algo que creo que se encuentra en gran parte de esta ciudad, en donde una misma edificación puede estar asociado a sentimientos o recuerdos diametralmente opuestos”.

La última exposición que más te gustó en Santiago.
Una exposición que me gustó mucho fue “Sobre estrellas y raíces” de Rodrigo Arteaga en Galería AFA, sobre todo por su capacidad de armar con cosas muy sencillas, dibujos muy simples y elementos muy sutiles, una atmósfera muy especial, y refleccionar sobre temas como la naturaleza y el conocimiento.

Una galería imperdible de la capital.
En este momento creo que la galería de la Metales Pesados Visual está muy bien encaminada, con una propuesta de artistas muy interesante, y con una preocupación por lo que en ella se muestra que hace que sea importante pasar y ver que hay ahí.

Un paseo por Santiago que te gusta hacer.
Un recorrido que me gusta mucho es el que se puede hacer desde el Museo Nacional Bellas Artes hacia el GAM y viceversa, por las calles José Miguel de la Barra, Merced y Lastarria. Hay cafés, galerías de arte y de ilustración, librerías, tiendas de discos, museos, y un montón de cosas que hacen de todo ese sector, un barrio muy entretenido.

Una buena picada en Santiago y por qué.
La fuente de soda “El Baquedano” en Plaza Italia. No sé si es particularmente una buena picada, pero hace años que voy ahí, los que atienden me conocen, y la verdad es que en ese lugar me siento cómodo.

La mejor manera de transportarse en Santiago es…
No sé si hay una manera mejor que la otra…. Yo me muevo caminando, en bicicleta, en micro o en metro. Cuando hay mucha gente movilizándose prefiero la bici o caminar, cuando hay poca gente, el metro y la micro también pueden ser buenas alternativas. Hasta el auto me gusta en ciertas ocasiones y tramos.

Eres artista de profesión, ¿cómo llegaste a trabajar el género de la historieta?
Cuando estudié arte me especialicé en grabado, por lo que algunos años estuve dedicado a eso. Fue desde el año 2009 más o menos que me empecé a dedicar de manera más exclusiva al dibujo, y recién el año 2011 empecé a hacer cómics autobiográficos. Antes no me había atrevido, le tenía un cierto “respeto” al cómic y a la historieta que hacía que me cohibiera, y no me decidiera a hacerlos. Fue mi pareja Francisca Robles, que ya había hecho cómics, la que me dijo “dale no más” y me dio el impulso necesario para empezar a hacerlos. Desde ahí se me ha dado de manera muy natural.

¿Cuáles han sido tus referentes en el cómic?
Hay tres referentes en el cómic que para mí son claves: Robert Crumb, Jeffrey Brown y Angel Mosquito (en especial su libro “El granjero de Jesú”).

Estás próximo a lanzar el libro “Alameda de ida y vuelta” , ¿cómo surgió la idea de hacer este libro?
La idea de hacer este libro surge de dos cosas. Primero, el hecho de transitar por la Alameda. Durante mucho tiempo viví muy cerca de Plaza Baquedano, y actualmente tampoco vivo lejos, por lo que en general cuando voy a la Alameda, sea por la razón que sea, la transito caminando o en bicicleta, lo que me ha permitido ir mirando y pensando en torno a ella. Lo segundo, son un par de publicaciones de un dibujante llamado Matteo Pericoli, que tiene un par de libros, uno sobre Manhattan y otro sobre Londres, que de alguna manera me han servido como referente para el libro “Alameda de ida y vuelta”.

¿Cómo fue el proceso de trabajo?
En cuanto al proceso, lo primero que hice fue decidir cuál era el tramo que iba a hacer. Lo más obvio hubiera sido hacer desde Vicuña Mackenna hasta la Estación Central. Sin embargo, por lo largo de este tramo, resultaba un poco difícil hacerlo completo en una sola publicación desplegable. Por eso mismo, decidimos con la Editorial Letra Capital acortar el tramo: desde Plaza Baquedano -se sumó esta y el edificio de la Telefónica por temas de coherencia del dibujo, aún cuando están en Providencia- hasta la Panamericana, que es una suerte de cicatriz que divide la ciudad. Luego ese tramo lo dividí en cinco partes, las cuales fui registrando con fotografías, apuntes, referencias, dibujos, y todo lo que me sirviera para luego dibujar las dos veredas de la Alameda de manera continua en mi taller. Obviamente, más adelante, me gustaría hacer una publicación con el otro tramo, que iría desde la Panamericana hasta la Estación Central.

El libro se acompaña de textos de Vólker Gutiérrez, ¿en qué consisten?
Los textos de Vólker Gutierrez vienen en una suerte de “libro apéndice” que acompaña al libro desplegable con los dibujos, y ambos conforman la publicación en su totalidad. Vólker escribió un texto introductorio que de alguna manera da un contexto histórico y simbólico de la Alameda dentro de la ciudad de Santiago y del país. Además, señala y hace referencias a cerca de 4o puntos o hitos que están dentro de este tramo de la Alameda, y que se pueden ver en los dibujos. Vólker señala lugares en los que, ya sea por su historia o su importancia social, es necesario detenerse.

¿Qué importancia le das a que la historia urbana cuente también con este tipo de registros?
La importancia a nivel de registro de estos dibujos, en el sentido de la historia urbana, es uno de los elementos involucrados al hacer un trabajo como este, pero no es el único. Para mí, como dibujante, es mucho más importante la puesta en valor de lo que se encuentra en la Alameda, a nivel humano, arquitectónico, social, urbanístico, etcétera. En cierto sentido es un llamado a apropiarse de ese lugar, a darse cuenta de que es parte de la identidad de esta ciudad, y por ende, de nuestra propia identidad, y entender que lo que ahí se encuentra es un reflejo de lo que socialmente nos ocurre. Por algo las marchas y exigencias ciudadanas ocurren en la Alameda.

Has publicado además dos libros autobiográficos, ambos hablan de tu vida con mujer e hija, ¿cómo describirías tus historietas?
Mis cómics abarcan temáticas variadas, vinculadas sobre todo al cotidiano eso sí. Pero no sé si tengo una temática en particular. En un mismo día te pueden ocurrir muchas cosas de diferente índole y todas están ahí, conviviendo en una misma realidad. A veces es el cotidiano de las cosas sencillas, pero al minuto se puede meter un elemento político, o un acontecimiento totalmente intrascendente, algo íntimo o qué se yo, un hecho inesperado, como la muerte de alguien, por ejemplo. Lo autobiográfico tiene eso, es difícil que las histories tengan principio, desarrollo y final, porque la vida no es así, es algo mucho más orgánico y menos claro. Uno como autor es el que fuerza los hechos de una vida cualquiera para que quepan en el formato cómic. En mis dibujos intento llevar a imagen la manera en que creo que el cerebro ordena la información, en cómo se organizan, se vinculan, se mezclan, se relacionan y se contaminan unas imágenes con otras. En cómo cosas supuestamente inconexas conviven, y finalmente pueden llegar a ser una sola cosa.

Ahora planeas publicar un tercer libro titulado “Momento por favor”, ¿podrías contar de qué se trata?
“Momento, por favor” sigue un poco la misma línea de mis dos primeras publicaciones en cómic autobiográfico (Año Sabático y Año Sabático 2), pero con algunas diferencias. En “Año Sabático” todo se da muy hacia afuera, hacia la ciudad, sobre todo porque si bien estaba emparejado, aún tenía una vida un poco de soltero: vivía con un amigo, tenía muchos tiempos libres, y sobre todo, no tenía muchos gastos. En “Año Sabático 2” ya vivía con mi pareja y nace mi hija Julieta, por lo que las historias se vuelven más hacia adentro, hacia “el hogar”.

En “Momento, por favor” conviven el “hacia adentro” y el “hacia afuera”, porque mi hija ha crecido, pero al mismo tiempo, las dinámicas de “hogar” continúan. A esto se suma el hecho de que cuento historias más largas, y al mismo tiempo, situaciones que caben en una sola viñeta. En ese sentido “Momento, por favor” lo siento con una estructura menos rígida que mis dos primeras publicaciones. Es un poco más desordenado, lo que me gusta.     

De algún modo, el cómic autobiográfico ha tenido un “boom” los últimos años, ¿a qué crees que se deba?
Supongo que a las personas les gusta leer y ver historias con las que se sientan identificadas. A veces ni siquiera historias, situaciones. El cómic autobiográfico tiene eso, son situaciones e historias que ni siquiera son necesarias de explicar, simplemente uno las reconoce y entiende perfectamente lo que ocurre. Supongo que este “boom” también se da por las influencias externas, en donde el cómic autobiográfico hace tiempo que tiene un lugar importante dentro de las publicaciones. Si a eso se suma que en Chile algunas editoriales han apostado por él, y sobre todo a las posibilidades que da internet de ver el trabajo de otros autores, no es raro que haya tomado fuerza.         

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