Mario Irarrázabal (76): “Basta que a una persona le llegue profundamente tu obra y ya valió la pena”

El escultor acaba de inaugurar “Bronces Inquietos” en la sala de exposición del Parque de las Esculturas, espacio que vuelve a abrir sus puertas luego de 4 años. La muestra también la integra “El beso”, obra de 5 metros de altura que ya está instalada en el frontis del Palacio Schacht, en plena Nueva Providencia, y que muestra el compromiso del artista con situar las obras en el espacio público: “Mi ideal es que las personas siempre puedan tocar las esculturas”.

[Entrevista y redacción: Matías Castro]

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“Hace 25 años expuse en la sala del Parque de las Esculturas (‘Bloques Humanos’) y fue muy importante en mi carrera. A veces uno queda contento más con una exposición que con otra, pero recuerdo que ésta se veía muy bonita, las obras en el patio del espacio, la luz que le entraba a la sala, es bien especial comparada con otras. Entonces cuando llegaron de la Fundación Cultural de Providencia a decirme que querían reabrir la sala y el área circundante, encontré que era una bonita iniciativa porque ese espacio se estaba perdiendo.

Entonces me pareció que era bien importante colaborar con este espacio, ya que si bien existe todo un mundo comercial del arte, que es el de las galerías, y está bien que exista,  hay un mundo paralelo que es el de las fundaciones culturales y los museos que no están dirigidos al mercado. Por eso los que deben hacerse cargo son estas instituciones culturales, ya que no puedes esperar que una cosa invendible les interese a las galerías. A veces lo hacen, pero es como pedir mucho. Entonces es muy peligroso porque la gente joven se desanima, deja de hacer arte y se pierde. Mientras que en los países desarrollados hay todo un sistema de museos y galerías estatales que te van proyectando. Entonces la parte comercial pasa a ser secundaria.

En ‘Bronces Inquietos’ solo quería presentar obras inéditas porque como artista eso es lo que a uno más le nace, pero insistieron en que mostrara cosas anteriores para hacer la muestra un poco más potente, como ‘Éxodo’ (1983) y ‘Homenaje a un pueblo pertinaz’ (1977), entre otras. Y acepté porque me interesa la posibilidad de llegar a públicos nuevos. Ahí uno piensa en los escolares y en los universitarios que no han tenido la posibilidad de ver estas obras. Porque verlas todas juntas te ayuda, ya que te mete como en un ambiente o tema determinado.

Además he insistido en que pongan un letrero en la exposición que diga: ‘Todo se puede tocar y fotografiar’. Para mí esto no es un detalle, sino que es parte de la comunicación, de saber que la obra está llegando al otro. Mi ideal es que las personas siempre puedan tocar las esculturas, pero no siempre se puede. Y el bronce se presta para eso, incluso se va poniendo más hermoso mientras más lo tocan. Hay un bloque enorme en la parte de afuera de la sala, y me imagino a los niños ahí. También hoy día todos los escolares tienen máquinas fotográficas en sus teléfonos, entonces eso les ayuda a mirar.

Pero una de las cosas más lindas del arte es que tú no puedes esperar nada del público, hay que dejar que ellos lo vivan y reaccionen a su modo, y si no, mala suerte, quiere decir que no les está llegando. En la historia del arte muchas hay obras que no llegaron al público y que 50 años después fueron reconocidas por todos. Entonces no hay que esperar el aplauso inmediato. Para mí la idea del arte es sensibilizar a la gente, y eso toma su tiempo y es delicado. Entonces puede que una obra te llame mucho la atención en un momento determinado, pero después pasa al olvido, si el arte es un campo muy delicado y es bonito que así sea. Si me preguntas cuánta gente leyó tal poema de la Gabriela (Mistral), y a cuántos les llegó, nunca vas a saber. Pero yo digo que basta que a una persona le llegue profundamente tu obra y ya valió la pena”.


Sobre el artista
Mario Irarrázabal Covarrubias,
nació en Santiago, Chile, el 26 de noviembre de 1940. Desde sus inicios como estudiante, compartió su vocación artística con la social y teológica. Entre los años 1959 y 1964, estudió en el seminario de la Congregación de la Santa Cruz y la Universidad de Notre Dame en los Estados Unidos, donde obtuvo los títulos de Bachiller en Filosofía y Master en Arte. Más tarde se trasladó a Italia para continuar con sus estudios de Teología en la Universidad Gregoriana de Roma. Desde 1967 a 1968 estudió en Alemania Occidental con el escultor Waldemar Otto, quien marcó sus comienzos como escultor, orientándolo en la línea del expresionismo figurativo alemán. Desde su regreso a Chile en 1969 se ha dedicado a la escultura, medio que le ha permitido expresar a cabalidad sus inquietudes y sentimientos. Entre 1972 y 1974 se desempeñó como académico enseñando escultura en la Universidad Católica. En 1983 fue becado por el gobierno de Alemania para trabajar en el atelier-Haus Worpswede, cerca de Bremen (via memoria chilena).


Datos de la exposición:
En la sala de exposición del Parque de las Esculturas.
Ubicado en Av Santa María 2205, Providencia.
Desde el 22 de junio al 22 de septiembre de 2017.
Horarios: martes a domingo de 10:30 a 19:00 horas.
Entrada: liberada.
Más información en Fundación Cultural de Providencia
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