La ciudad en colores de Mauricio Duarte

Este fotógrafo presenta su trabajo en el Centro Cultural La Moneda (“True Colors”) y Metales Pesados Visual (“Einstellung”), dos exposiciones en las que muestra los rincones llenos de colores de precarias casas de campamentos, terrenos baldíos y fuentes de soda. Mauricio conversó acerca de sus inicios en la fotografía, sobre cómo conocer la ciudad en skate lo ayudó a mirar Santiago de otra manera, y de la estética de su obra: “Si mis fotos tuviesen personas, serían como las de un álbum familiar típico de la clase media o baja”.

[Por Matías Castro. Fotos: Mauricio Duarte]

Faltan cerca de 20 minutos para la inauguración de “Einstellung” en Metales Pesados Visual. El director de la galería, Sergio Parra, conversa con algunos artistas, coleccionistas e invitados que llegaron anticipados al evento, mientras los trabajadores del espacio recorren el lugar afinando los últimos detalles. En medio de esta escena un vagabundo abre la puerta de la galería y dice: “Permiso, oiga que está buena la foto, justo en el copete de cerveza”.

—No es una cerveza, es una Pap —contesta un presentador de noticias de CNN, que también está frente a esa imagen que fue capturada al interior de una fuente de soda.

—Oh, pero está re buena igual, se ve todo amarillo —responde el anónimo personaje, que sale rápidamente del lugar y se pierde por calle Merced.

“¿De verdad pasó eso? Jaja, me parece la raja”, dice Mauricio Duarte (1984) cuando escucha la historia, y aprovecha la oportunidad para contar que le gusta eso, que se mezclen las cosas y los mundos, que todas las personas puedan mirar, entender y disfrutar de sus imágenes.

Son fotos que actualmente se exhiben en el centro de Santiago pero que Duarte ha realizado en distintos recorridos por comunas de la capital y del litoral central, enfocándose en lugares invisibilizados estéticamente en los que logra retratar espacios que brillan con sus colores verdes, rojos, naranjos y azules, entre otros. Ahí muestra el mobiliario y los objetos domésticos que nunca estarán en las revistas de decoración, pero que identifican la belleza en escenarios precarios o decididamente pobres, demostrando que es posible una representación visual distinta a la que presentan los medios constantemente.

—Cuéntame de tu primer acercamiento a la fotografía.

Siempre estuve relacionado porque mi mamá es fotógrafa de oficio. Hacía cosas como matrimonios, bautizos, y como no tenía con quien dejarme me llevaba al laboratorio. Entonces era un proceso que yo conocía perfecto, a veces le ayudaba con los negativos, de repente veía a mi mamá que reclamaba que la imagen estaba muy azul, cosas así.

—Imagino que te marcó mucho el hecho de ver el proceso de laboratorio y las imágenes que de ahí salían.

Claro, estuve relacionado con un mundo muy estético, muy visual, con muchos estímulos. De hecho a temprana edad empecé a andar en skate y junto a eso venía la visualidad de los movimientos, de los trucos. Con mis amigos nos fijábamos en el estilo, en cómo se saltaba, y también en las fotos que venían en las revistas, los videos y la música. En ese tiempo era difícil tener revistas porque acá no llegaban, entonces  cuando algún conocido viajaba a Estados Unidos le pedía una Trasher y le llegaba a sacar las páginas de tanto verla. Nos sentábamos con mis amigos a mirar las fotos harto rato y hablábamos de como las habían tomado.

—El skate está muy asociado a ocupar espacios abandonados o darle nuevos usos a los lugares. ¿Cómo influyó esa forma de conocer la ciudad?

Con mis amigos cruzaba la ciudad completa andando en skate y realmente observaba las escaleras y los espacios en general. Vivía en Independencia, así que tomábamos micro hasta El Golf y desde ahí llegábamos patinando hasta El Faro de Mapocho. Era increíble, otro tipo de calle, era finales de los 90 y más que tener experiencias violentas estábamos súper conectados todos con todos. De hecho nos topábamos con los mismos viejos que tomaban siempre, ya los conocíamos. Y también veíamos un montón de cosas raras, como tranzas y cosas así.

—Es común que cuando se patina en grupo alguien saca fotos. ¿Hacías eso?

Sí, pero lamentablemente hay un montón de rollos que me salieron subexpuestos y no hay muchos registros. Hacía retratos a mis amigos, fotos patinando, pero nunca funcionó. Más grande me volvió a dar por sacar fotos, así que le pedí una cámara a mi mamá y ella me dijo: “sí, pero para que no te salgan subexpuestas de nuevo tienes que ver que esta aguja esté al medio y nunca bajes de 60”. Y ahí empezaron los resultados, me empecé a motivar y a fotografiar cosas muy puntuales, siempre me gustaron los autos, las personas, las formas. Ahí empecé a hacer fotos en blanco y negro, que son muy parecidas a las que están en La Moneda y empecé a desarrollar series. Pero después empecé a sacar fotos en color, como que encontré algo, hay fotos que se manifestaron por sí solas y claro, era juntar la forma de lo que estaba haciendo en blanco y negro con las temáticas que estaba buscando en color.

—¿Cómo aparece el color en tus fotos?

Cuando estaba en Buenos Aires en 2008 porque existía toda una variedad de películas y unos laboratorios súper accesibles de precio, donde hacían unos revelados y unas copias increíbles. Ahí empecé a quedar loco con el color. Además que allá los cursos eran tan baratos que hubo un tiempo en que tomaba siete, pero de todo, de apreciación del cine, de laboratorio en blanco y negro, de iluminación, tuve clínica de obra con Alberto Goldenstein, un brillante que fue alumno de Joel Meyerowitz y John Szarkowski. Él me mostró bien la papa, me decía la fotografía contemporánea se trata de esto y esto. Aparte que yo vivía en un barrio súper popular en Buenos Aires, por Congreso. Vivía con puros estudiantes en una mansión antigua, donde salías y habían travestis, hueones jugando a la pelota hasta las 2 de la mañana. Era todo muy alegórico, lleno de colores, todo decorado en torno al fútbol y eso me estaba cantando, me decía: “ya po, ven a sacarme una foto”.

—Luego volviste a Chile y comenzaste a tomar fotos a color, algunas de ellas están en “True Colors”. ¿Cómo fue esa época de primeros aciertos?

Cuando llegué estuve de vago porque no quería trabajar en otra cosa que no fuera el cine o la fotografía, y tampoco tenía contactos para entrar. Así que reduje mis gastos al mínimo, era tan pobre que no tenía deudas, jajaja, y me puse a sacar fotos. El 2010 fue una etapa súper prolífica, me volví loco porque tenía las ideas súper claras, así que me dije esto es lo que me gusta y esto es lo que voy a salir a buscar. En ese tiempo tenía más personalidad que ahora, entonces iba con todo, de 10 personas a las que pedía permiso para fotografiar su casa o su local, 8 me decían que no, pero llegaba con las otras dos fotos. Y le daba, le daba y le daba, diría que el 60% de las fotos que están en “True Colors” son de ese año. Sacaba fotos tímidamente desde el 2004, pero en esta época fue la primera vez que vi un proyecto fotográfico concretado, con forma, fue genial.

—Por tus fotos se nota que caminas bastante para buscar tus motivos. ¿Sales siempre con la cámara y fotografías o piensas bien el tema y ahí sales?

En contadas ocasiones salgo con cámara, entonces cuando tocan los días de sacar fotos empiezo a caminar sin un rumbo determinado, voy solo con mi mochila, eso sí me gusta finalizar el día tomando y comiendo algo por donde encuentre por ahí, porque cuando salgo a sacar fotos camino como cuatro horas.

—¿Pero armas una ruta?

No, solamente escojo alguna comuna o lugar en particular y cuando tengo tiempo para hacerlo, voy. Esto es siempre en la tarde, como desde las 5 pm. Empiezo a caminar y de repente he me doy cuenta que he avanzado más de 10 kilómetros, y siempre en el camino te encuentras con gente, te preguntan en qué andas. Hay lugares donde ya me conocen, como en Cartagena, y me doy vueltas, me pongo a conversar con la gente en la calle y así me hacen entrar a sus casas.

—Estas casas o locales donde te dejan sacar fotos son normalmente en campamentos o fuentes de soda bien precarias. También fotografías lugares baldíos. ¿Por qué te interesan estéticamente esos espacios?

Porque si tienes un poco de conocimiento respecto a la pintura o el cine, creo que hay que aprovecharlo para cosas más útiles que mirarse siempre el ombligo. Así que pensé en abordar otras cosas que podrían ser más interesantes, no esa hueá fome de fotografiar el barrio alto, en que vas subiendo por El Golf y la paleta de colores comienza a desaparecer. Blanco, negro, verde, color ladrillo y gris, no hay nada más, no sé cómo pueden vivir así.

—¿Qué te dice la gente cuándo le pides permiso para fotografiar y les explicas tu proyecto?

Como publiqué un libro con Ediciones La Visita (“Conchalí”), es mucho más fácil porque lo ven y entienden de una lo que estoy hablando. Por eso me carga que a veces los fotógrafos traten a la gente de hueona, si no es así, a las personas les muestras algo y entienden perfecto. Incluso se motivan, participan, no tienen drama. Pasa que muchos fotógrafos tienen ganas de sacar la foto nomás e irse, pero hay que darse cuenta que uno también está ahí para aprender. Toda la gente tiene algo que enseñarte, siempre hay una conversación de 20 minutos, de repente te invitan a tomar té, cosas así.

—¿En qué casa, de las fotos que están en exposición, te quedaste a tomar once?

En esa que está en la Metales Pesados, la de los cables con un fondo morado, ahí me senté a tomar té. Siempre te invitan, te ofrecen, comida, copete, de todo. También he hecho hartas campañas para TECHO, entonces me quedo caleta de rato en los campamentos, me gusta conocer a la gente.

—¿Qué opinan de tus fotos en esas conversaciones más íntimas?

De repente quedan locos porque se ven reflejados. Me dicen que su familia también vive así, que las casas de sus abuelos eran así o que ellos vivieron en una casa así. Pero algunos tienen más rollos y te preguntan: “¿para qué le querí sacar una foto si esto es tan feo?” Pero hay que sacar la foto igual.

—En tu trabajo se observa una especie de lucha por sobresalir entre los colores, los objetos y el encuadre. ¿Qué buscas ahí?

Color y forma son inseparables. Lo que trato de hacer con estas fotos es evidenciar esa lucha de colores que están tratando de salirse de la forma, pero que están ahí destacándose gracias al color que tienen en el lado y gracias a las formas que los contienen. Ahora eso es solo en lo formal, porque estás viendo algo, es un documento de algo. Pensé que había miles de formas de mostrar lo mismo, pero me dije que la más adecuada de mostrar esto era así como lo hago, porque una foto de esos lugares no podía tener una imagen juzgadora o una mirada fome, como la foto perfectamente simétrica, eso es para otra cosa. Esto tenía que ser entretenido y un poco sin sentido también.

—Sobre ese punto ¿encuentras que la fotografía chilena es muy seria?

Si, totalmente. Es densa todo el rato, tiene esa hueá como culposa. Así que bueno, yo voy por otra faceta porque también la vida es eso, está hecha de muchas cosas. Pero lo que hago igual tiene algo de denso, en todos lados pasan cosas terribles, pero de repente en las poblas está como más latente. Si bien hay mucha alegría, mucho humor, también hay una tensión que es como una olla a presión que va estallar y va a quedar la cagá. Y eso también trato que esté presente.

— Lo que no está presente en tus fotos son las personas, pero se descubre su presencia en los vasos con restos de líquido, la televisión encendida o un queque a medio comer. ¿Por qué decidiste hacerlo así?

Porque lo que estoy fotografiando es la huella humana. Si mis fotos tuviesen personas, serían como las de un álbum familiar típico de la clase media o baja. Es una foto tuya con una puerta cortada por la mitad, con un florero cortado por la mitad, sería eso. Igual hice un par de veces ese ejercicio en Photoshop, agarré una foto de esas, borré a la persona y tenía una de mis fotos, jajaja, es sencillo.


Sobre el artista:
Mauricio Duarte Arratia (1984) es un fotógrafo y director de arte chileno, que ha desarrollado su obra con un fuerte acento en al análisis de la cultura popular. Utilizando principalmente la fotografía como soporte, describe las interacciones entre teoría del color, historia del arte, fenomenología, antropología y sociología, obteniendo documentos auxiliares y periféricos a la memoria, contenidos por un control racional del color a través de la composición, la iluminación y la manipulación digital. En muchos casos recurre a la cita de la pintura moderna y expresionista, evidenciando además la huella humana en signos y significantes y destruyendo la simetría y sintetizando el espacio en pequeños momentos metafísicos.

Ha participado en la exposición colectiva Antología de fotografía joven (2013), MAC Parque Forestal y actualmente está exponiendo dos muestras individuales Einstellung en Galería Metales Pesados y True Colors en el Centro Cultural Palacio la Moneda, que se inaugura el día 3 de marzo. En 2012 participó de la feria Buenos Aires Photo (Espacio Osde) y en 2011 en Ch.ACO con el Studio 488 (Buenos Aires, Argentina).


Datos de las exposiciones:
En galería Metales Pesados Visual.
Ubicada en Merced 316, Barrio Lastarria, Santiago.
Desde el 2 de marzo al 2 de abril de 2017.
Horarios: martes a viernes de 11:00 a 20:00 horas / sábado de 11:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas / domingo de 16:00 a 19:00 horas.
Entrada liberada.
Más información en metalespesadosvisual.

En Galería Fotografía Chilena, del Centro Cultural Palacio La Moneda, Nivel-3.
Ubicado en Plaza de la Ciudadanía 26, Santiago. Metro La Moneda.
Desde el 4 de marzo al 9 de julio de 2017.
Horario: lunes a domingo de 9:00 a 19:30 horas.
Entrada: liberada.
Más información en CCPLM.

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