Francisco Gazitúa: “Hay artistas que se pasan el cuento que el arte es sagrado y no es así, el arte es callejero”

El escultor, profesor e investigador que tiene cerca de 50 obras instaladas en distintos espacios públicos del país -y 20 piezas en el exterior- exhibe actualmente Vigía en la explanada de Casa Costanera, en el marco de “Ch.ACO en la Calle”: circuito de arte urbano de Feria Ch.ACO. Revisa la programación completa aquí.

[Por Matías Castro. Fotos: Leo Salgado y cortesía del artista]

Uno de los primeros lugares en que Francisco Gazitúa (73) colaboró en la instalación de una escultura en el espacio público fue en la población La Pincoya, a fines de la década del 60. Ahí, en medio de esta toma ilegal de pobladores que vivían en la extrema pobreza, un grupo de alumnos de Marta Colvin (Premio Nacional de Arte 1944) de la Universidad de Chile –donde Gazitúa era profesor ayudante– llegó con una escultura de fierro y materiales reciclados de casi 8 metros de altura, frente a la total sorpresa de los vecinos del lugar.

“En ese tiempo la pobreza era tan salvaje que cuando llegamos con esta obra maravillosa, que se movía con el viento, la gente pensaba que era un sistema para sacar agua potable. Así que les contamos que era una escultura y la instalamos entre medio de todos los vecinos que llegaban a mirar. Lamentablemente a los cinco días ya no quedaba nada, solo los pernitos de las fundiciones, porque la gente vendió el material de fierro, cobre y bronce para
poder comer”,
 recuerda el escultor mientras se mueve por su taller ubicado en Pirque, donde continúa trabajando a diario.

Este hecho, lejos de desmotivar al artista, lo llevó a trabajar directamente el tema del arte con los sectores marginados de la sociedad: “Estamos hablando de un interlocutor , nada que ver con ‘el mundo del arte’, absolutamente nuevo, me di cuenta que primero había que conseguir pan y ropa para la gente, y después hacer lo que siempre hemos realizado los artistas: humanizarle la vida a nuestros compañeros de ruta, a los millones de seres humanos que viven acá”.

Por lo que cuando le ofrecieron crear la Casa de la Cultura en la mina El Teniente, no lo pensó dos veces y se fue a trabajar con los mineros a la sexta región del país.

“Allá tenía 60 mil personas a mi cargo, entre los mineros y sus familias. Hacíamos  cursos de teatro, literatura, escultura y traíamos distintos invitados, pianistas clásicos y folkloristas. De hecho Víctor Jara y Margot loyola estuvieron tocando con nosotros tras días antes del golpe de Estado. Y bueno, después me tomaron preso, como ‘prisionero de guerra’, un nuevo estado para un escultor”, cuenta Gazitúa, que después de septiembre de 1973 volvió a instalarse en Santiago, en la entrada de la población Santa Julia de Macul, en cuya casa estuvo bajo arresto domiciliario hasta que en 1977 obtuvo una beca para realizar un postgrado de escultura en Saint Martin’s School of Arts, en Londres.

Es 1984 y Francisco Gazitúa vuelve a Chile, como muchos otros artistas luego de cierta flexibilidad del régimen liderado por Augusto Pinochet. Y desde esa fecha hasta la actualidad, el escultor, profesor e investigador no ha dejado de experimentar con sus materiales favoritos: piedra, acero y madera; con los que ha realizado cerca de 50 monumentales esculturas que ha instalado en distintos puntos del país. En Santiago su trabajo se puede observar en el Aeropuerto Arturo Merino Benítez (Pudahuel), el Parque de las Esculturas (Providencia), Parque Américo Vespucio Oriente (Vitacura), Paseo de las Esculturas La Pastora (Las Condes) y la Plaza Pedro de Valdivia (Providencia), entre muchas más.

Y para esta edición de Feria Ch.ACO, a través del circuito de arte público “Ch.ACO en la Calle”, la obra Vigía de este experimentado escultor e ícono de la ciudad estará instalada en el exterior de Casa Costanera (Nueva Costanera 3900) durante octubre.

-¿Cuál es su análisis del arte público en Santiago?

Creo que el arte en el espacio público es lo mas importante que está pasando en las artes visuales en Chile. Anda a Puente Alto, San Miguel o Lo Barnechea, y mira, es una maravilla lo que están haciendo los escultores, muralistas, mosaiquistas y grafiteros. Es cosa de ir a las municipalidades más marginales, donde ningún crítico de arte ha estado jamás, y mirar todo lo que está pasando ya que hay cosas muy valiosas, a esos artistas los respeto como mis pares. Por lo que creo que el desarrollo del arte en el espacio público depende más de los departamentos de cultura de las Municipalidades, ricas o pobres, que del aparato estatal.

-Tiene muchos años de carrera como escultor ¿Cómo ha visto los cambios en esta ciudad donde se exhibe la mayoría de su trabajo?

Me eduqué en una ciudad cuadradita para caminar o para andar en caballo, y ahora nos encontramos en el siglo XXI, con una ciudad a escala gigantesca. A los artistas esto nos saca de una situación académica, ya que las academias como la de Florencia, creada en el siglo XVI, educaba escultores para ciudades pequeñas donde las esculturas eran de máximo 5 metros. Entonces hay un importante cambio de escala ya que ahora para ser visto uno tiene que competir con edificios de 200 o más metros y con la velocidad de los automóviles. Si ningún músico le hace asco a estar en medio de la calle, se instalan y tocan, nosotros también debemos hacerlo.

-¿Cree que a los artistas, mayormente acostumbrados a trabajar encerrados en su taller, les cuesta dialogar en el espacio público con personas que no son expertas en arte?

Hay artistas que se pasan el cuento que el arte es sagrado y no es así, el arte es callejero y tiene que irse a la selva que es la calle, al igual que la música o el teatro. Pasa la micro, el viejo vendiendo y el ruido de la gente, y ahí están estos gallos con su arte, ahí tenemos que estar también los escultores. Hay que salir de la idea del artista especialista-sagrado para poder hacer arte público, porque el interlocutor no es el de Documenta o la Bienal de Venecia, sino que son los millones de mujeres, hombres y niños de mi querido continente Latinoamericano. Para eso hay que amar la calle y su gente, amarla con todos sus beneficios y defectos, y amar también a los que financian el arte en la calle, ya sean alcaldes, empresarios, a los fondos del Estado, hay que ser agradecido con ellos.


Datos de “Ch.ACO  en la Calle”:
En distintas tiendas y espacios de uso público en la comuna de Vitacura.
Durante todo el mes de octubre de 2017.
Más información en Ch.ACO en la Calle.

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