El camino de Javier Weibel: De hacer covers de Elvis a ser Cantante Lírico en el Teatro Municipal

El Barítono de 41 años, que está en el elenco Estelar de “Las Bodas de Fígaro” (14 al 22 de junio), nunca pensó en cantar en el escenario más importante que tiene la ópera en nuestro país. Pero luego de guitarrear canciones de Inti Illimani, ser profesor de música y cantar repertorios que incluían a Frank Sinatra y Charles Aznavour en hoteles y restaurantes, se atrevió a dar el salto: “Revisé mi cuenta corriente y pensé si podía vivir con eso y me tiré. Era viejo para debutar en la ópera con 35 años, pero sabía que podía suceder”.

[Entrevista y redacción: Matías Castro]

“Resulta casi cliché, pero siento que nunca debí estar aquí, que fue un poco el destino. Más que no querer estar, mi circuito de vida cultural, social y económico en ningún caso indicaba que iba a terminar siendo cantante, y menos lírico, si en mi colegio el tema artístico no estaba en las prioridades de nadie.

Pese a eso, cuando tenía unos 13 años charrasqueaba una guitarra con el repertorio de Inti Illimani y Silvio Rodríguez, cosas así. Un día estaba tocando en la calle y aparece el Loco Aguilera -que era un profesor de lenguaje y escritor, una especie de intelectual del barrio que tenía barba larga y fumaba pipa-, me escucha, y ahí cambia la historia rotundamente, porque me presenta a un amigo de él que se vuelve mi primer profesor de guitarra clásica. Lo que era muy raro porque en el circuito de papá y mamá, donde apenas nos alcanzaba para vivir, no sé por qué decidieron que era importante que estudiara guitarra, sacando plata de no sé dónde.

Así que cuando salí del colegio ya tenía mi futuro súper definido: quería ser profesor de música. Estudié en la UMCE, comencé a hacer clases en colegios muy joven, tendría unos 22 años y empecé a pensar en estudiar otra cosa relacionada. Así que empecé a decidir qué estudiar y por descarte digo: puede ser contrabajo, por la edad que tengo; arpista, porque hay pocos; o canto. Y opté por canto porque lo asumí como una herramienta para la sala de clases. Pensé que si no tenía instrumentos para trabajar con los alumnos, al menos tendríamos las voces y se podía hacer algo con ello. Así que entré a estudiar a la UC, cuando a esa altura mi acercamiento con el canto era mínimo, y ahí tuve mi primer bofetón porque estudiar canto es otra cosa. En el primer año me querían echar, y tengo que haber sido probablemente muy malo, ahora lo asumo, jajaja. Pero seguí estudiando, me cambié a la U. de Chile, y al tercer año había algo, se notaba que empezaba a cantar. Ahí me toma Fernando Lara y es él quien me arma vocalmente.

En ese tiempo empecé a cantar Zarzuela, pero nunca convencido de que iba a ser cantante, y aparecieron los pitutos por hacer presentaciones, que no era otra cosa que unas luquitas extras para fin de mes. Luego dejó de ser algo esporádico y comencé a tener conciertos de todo tipo en hoteles y lugares privados, hasta que me llamó el gerente del restaurant polinésico “Bali Hai” y me ofreció ser el cantante ancla del local. Ahí canté durante cuatro años todas las noches. De día hacía clases y de noche cantaba cancionetas italianas, Elvis, Sinatra, y de repente algo de Charles Aznavour, por lo que generé un repertorio bien popular, y claro, ahí todavía no pensaba en la ópera.

Hasta que en un momento vine al Teatro Municipal porque supe que necesitaban coro de apoyo. Lo primero que hice fue “Don Carlos”, de Giuseppe Verdi, ubicado allá en las ratoneras del teatro, bien al fondo. Pero entrar acá, que te vistan, te maquillen y subirse al escenario es una gran experiencia, aunque seas el árbol número 19, da lo mismo. Luego Myriam Singer me ofrece ser la Mamma Agata en “Conveniencias e inconveniencias teatrales”, que es una obra de cómo hacer una ópera. Y mi personaje es una vieja súper ruda, se para con todos, con el productor, con el director musical. Y ese fue el empujón que me faltaba para decir: ya, me tiro. Así que revisé mi cuenta corriente y pensé si podía vivir con eso y me tiré. Era viejo para debutar en la ópera con 35 años, pero sabía que podía suceder.

Recuerdo la primera vez que canté solo en el teatro y es impactante. Imagínate ver el muro de personas que está ahí, porque es un murallón de cuatro o cinco niveles de gente que está mirándote, y uno está desnudo, pero es un espacio tan mágico que todo pasa a segundo plano y termina habiendo un contrato tácito entre el público y el artista, como en los actos de magia. Porque lo que pasa en el teatro es magia pura, es otro mundo, en el escenario la gente no habla sino que canta, las cosas suceden en tiempos y lugares que son distintos, como en “Rusalka” que todo ocurre bajo el mar.

Entonces ese espacio mágico es el que te hace mantenerte ahí, aunque estés desnudo, porque sabes que estás generando un momento que es tremendamente importante para el público. Porque si bien canto en el Municipal, también lo hago en municipalidades que con mucho esfuerzo se organizan para dar un concierto de canto. Entonces siento que nosotros tenemos una responsabilidad como artistas, que es llegar al público de manera sincera. Uno es un contador de historias finalmente, y en la ópera son tan atemporales que pueden haber sido representadas hace 200 años, se pueden hacer hoy día o en 100 años más. Como en “Las bodas de Fígaro” que el motivo del deseo está presente en toda la obra y muestra cómo los personajes intentan satisfacerlo. Hay mucho del abuso de poder de la aristocracia en esta obra, por lo que me parece que estamos en una realidad del país muy buena para tratar este tema”.


Ficha Artística:                                                                                                         Composición musical: Wolfang Amadeus Mozart.
Director musical: Attilio Cremonesi.
Director de escena: Pierre Constant.
Escenografía: Roberto Platé.
Vestuario: Emmanuel Peduzzi.
luminación: Jacques Rouveyrollis.
Conde de Almaviva: ZhengZhong Zhou / Patricio Sabaté.
Condesa de Almaviva: Nadine Koutcher / Paulina González.
Fígaro: Igor Onishchenko / Javier Weibel.
Susana: Angela Vallone / Patricia Cifuentes.
Querubino: Maite Beaumont / Marcela González.
Don Bartolo: Sergio Gallardo / Rodrigo Navarrete.
Marcelina: Paola Rodríguez / Andrea Aguilar.
Don Basilio: Gonzalo Araya / Francisco Huerta.
Don Curzio: Víctor Escudero / Exequiel Sánchez.
Antonio: Jaime Mondaca / Matías Moncada.
Barbarina: Regina Sandoval / Annya Pinto.

Orquesta Filarmónica de Santiago.
Director musical: Attilio Cremonesi.

Coro del Teatro Municipal.
Director: Jorge Klastornick.


Datos de Las Bodas de Fígaro:
En el Teatro Municipal de Santiago.
Ubicado en Agustinas 794, Santiago.
Desde el 14 al 22 de junio de 2017.
Horario: 19:00 horas.
Entradas: desde $7.000 a $69.000. Comprar aquí.
Más información en Teatro Municipal.

Comenta esta publicación y compártela con tus amigos